doberman
De todos los animales que conocemos, el perro es nuestro favorito. Y de todos los
perros, aparte del perro callejero (ese que nadie quiere y muchos ni miran),
el Doberman es nuestro predilecto. En diferentes ocasiones nosotros hemos tenido la
suerte de haber tenido dos de estos perros como mascotas y verdaderamente son
difíciles de igualar, imposibles de superar.
No es su tamaño, realmente no son sus características externas, que consideramos
perfectas en un perro, lo que nos hace sentir así. Es el comportamiento tan familiar de
estos perros. Criados como miembros de la familia llegan a ser parte de la familia; sólo se
les ven felices cuando están con la familia y siempre están dispuesto a participar en todas
las actividades, sea desde estar sentados tranquilos viendo la televisión, a una caminata
por el campo, a bañarse en el mar sobre una balsa de hule. Todo lo que se toma para
verlo satisfecho es que se le permita estar junto a su familia, sea donde sea, haciendo lo
que sea.
Cuando se les trata de esta forma, aparte de su muy reconocida inteligencia, demuestran
cierta astucia o picardía mezclada con un carácter juguetón que es bien simpático y
divertido, aunque nunca hemos visto esta cualidad ser mencionada en esta raza, sí es
muy real.
Otras características de esta raza, que aunque sí son mencionadas no se les ponen
mucha énfasis, son que en el perro macho el sentido de guardián es mucho más
desarrollado que en la hembra. Mientras que la hembra, que no deja de ser excelente
en la protección, es más dócil y llevadera. En ciertos casos tal parecen que son dos razas
diferentes. Otra dato importante es la forma en que reacciona y aparentemente piensa.
El Doberman discurre en términos de Sí o No; no existen términos medios. O se hace
o no se hace. Tal vez por eso sea tan obediente y una vez comenzado el ataque,
sea tan feroz.
Como guardián, el Doberman, no tiene igual. Es increíble el control y confianza en sí
mismo que estos perros tienen. Mientras que no se demuestre agresividad hacia su familia
tal parece que son inofensivos, pero no se le vaya a ocurrir una broma pesada o un
manotazo delante de ellos porque reaccionan con la velocidad de un rayo. La agilidad que
tienen es bárbara; se documenta uno que fue entrenado a saltar y superaba, porque lo
hacía rutinariamente, los 9 metros (28 pies) de largo. Por cierto, el olfato y el oído los
tiene sumamente desarrollados.
Foto doberman